Plataforma para un estudio boutique de 10 a 12 abogados con un nicho regulatorio muy específico: agente propio entrenado sobre sus fallos y escritos, sincronización diaria con la Oficina Judicial Virtual, citas verificadas contra el texto original y una interfaz por voz pensada para socios que no son nativos digitales.
Un estudio con entre 3.000 y 4.000 juicios al año y cobertura de Arica a Punta Arenas, que guarda más de 500 fallos propios y cuyo conocimiento vive en la cabeza de sus socios. Los borradores los redactan solo los abogados senior, porque nadie más sabe qué se ha argumentado antes ni con qué resultado. El flujo de información, en palabras del propio socio fundador, funciona de boca en boca.
No había un dolor operativo agudo. Lo que había era un problema de continuidad: el estudio quería que su criterio jurídico acumulado en décadas dejara de depender de la memoria de dos personas, y que los abogados más jóvenes pudieran trabajar con ese criterio desde el primer día.
Y una preocupación previa a todo: confidencialidad y propiedad. El estudio venía de una mala experiencia con un proveedor de software que nunca le entregó el código. Pidió acuerdo de confidencialidad antes de compartir un solo documento y quería saber, cláusula por cláusula, qué era suyo.
Una instancia de LeyCase, nuestra plataforma de gestión jurídica con IA, con un agente propio del estudio encima.
El sistema no presenta escritos ni ejecuta acciones sin ratificación humana. Está en el contrato y está en el código. El propio estudio agregó un límite más: ninguna autonomía en causas de corte hasta acumular entre seis y diez meses de historial sin errores. Nos parece el criterio correcto y lo aplicamos como regla general en LegalTech.
También quedaron fuera, a propósito, los antecedentes penales o de infracciones de terceros y cualquier dato de domicilio que no corresponda a una causa ya individualizada. La Ley 21.719 lo exige y el estudio lo entendió antes de que se lo explicáramos.
El contrato lo separa con precisión: la plataforma base es nuestra y se opera como servicio; el agente, el corpus y todo el conocimiento del estudio son del estudio, de forma perpetua y taxativa. El consumo de IA se factura directo del proveedor al cliente, sin recargo, y cada consulta se imputa a una causa con su costo exacto, para que el estudio pueda traspasarlo a su cliente final si quiere.
El socio leyó el contrato completo, lo calificó de fuerte y dijo que le parecía bien que protegiera a las dos partes. Preferimos ese tipo de cierre a uno rápido.
Estudios jurídicos de nicho con historial propio que hoy vive en carpetas y en la memoria de los socios. La plataforma ya tiene corpus listos en migración (31.783 fallos) y laboral (7.328 fallos); para otras materias el corpus se construye a medida, como en este caso.
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